Marita, todos los días, Marita.
Sin poder escaparse de sí misma, ni de lo que le espera.
Marita se hiere las palmas de sus manos.
Ni el pasado, ni el presente, ni el futuro.
Marita irreconocible.
Obsesionada por querer ser nadie.
Las líneas de sus manos ya no pueden leerse.
No te hagas más daño,
que igual en tus ojos, Marita,
se sabe que ya nada quieres.
-Camila López.